Charlie Hebdo reabre el debate

El atentado contra la redacción de la revista francesa Charlie Hebdo el pasado 7 de enero, ha reabierto el debate nunca cerrado, entre seguridad y privacidad. ¿Es posible aumentar la seguridad de los paises y las personas, sin perjudicar derechos fundamentales como la privacidad? El debate, en su época más reciente, se remonta a los atentados de Nueva York y Washington de 2001. En ese momento la administración de EUA promulgó una serie de leyes y normas, la mayoría bajo el paraguas de la PATRIOT ACT, para facilitar a la agencias estatales el acceso a información de todo tipo, desde comunicaciones electrónicas o telefónicas al acceso a los datos de los pasajeros de compañías aéras (PNR). No ha pasado ni una semana de los atentados contra Charlie Hebdo y Europa, la garante de los derechos fundamentales, ya se está planteando como mejorar sus sistemas de interceptación y análisis de mensajes o la implementación de un sistema de acceso a los datos del PNR similar al de los EUA, iniciativa, por cierto, propuesta ya en noviembre de 2014. Se reabre por tanto el debate entre privacidad y seguridad, pero ¿la situación es la misma que en 2001? ¿tenemos los mismos elementos que después del 11S? Definitivamente no.

Charlie Hebdo
Charlie Hebdo

¿Qué ha cambiado?

A mi juicio tres elementos hacen que ante los atentados contra la revista Charlie Hebdo no estemos ante la misma situación que en los atentados de 2001: Edward Snowden, el móvil y el concepto de privacidad.

El factor Edward Snowden

El ex-contratista de la NSA que en 2013 reveló al mundo la forma en que los Estados Unidos, entre otros países, espiaban las comunicaciones electrónicas y los metadatos telefónicos de los usuarios, ha ocasionado que la conciencia de las personas en relación a estas prácticas, en su mayoría sabidas pero no comprobadas, haya aumentado de manera muy significativa. Las revelaciones de Edward Snowden que tan bien se analizan en el recomendable libro “El Caso Snowden” de Antoine Lefebure, fueron la confirmación de que los países se han puesto como objetivo estratégico el conocimiento de lo que sucede y lo que hacemos en la red y cualquier iniciativa que se plantee a partir de ahora en ese sentido, parte de este conocimiento por parte de la población, con lo que debería encontrarse con una resistencia mayor de la que se encontraron las iniciativas legislativas post 11S.

El móvil

Otro factor crucial en relación a 2001, es el uso del móvil. Las conexiones a Internet cada vez son más móviles y el uso y transmisión de datos que se hace a través de este dispositivo es inmensa. Cualquier acto legislativo que pretenda la intercepción de mensajes como el propuesto por el Reino Unido, juntamente con el uso generalizado del móvil, hacen que el riesgo para la privacidad se multiplique de manera exponencial ya que constantemente estamos emitiendo señales en forma de Whatsapp, geolocalización, tweets…

El concepto de privacidad

Las empresas ya contemplan la privacidad como un valor de mercado que les puede hacer ganar la confianza de los clientes que ya tienen o ganar nuevos clientes. En este sentido iniciativas como Snapchat o el navegador Tor tienen como valor principal la privacidad del usuario. En estas circunstancias cualquier iniciativa gubernamental que pretenda atentar no solo contra la privacidad sino contra un valor económico de las empresas, se debería encontrar no únicamente con la oposición de los ciudadanos sino de aquellos que deben facilitar la información de los mismos a las agencias: las empresas.

Estamos pues ante el eterno debate con elementos nuevos que lo hacen más complejo y complicado, veremos por dónde sigue pero está claro que la voluntad de los gobiernos de saber qué pasa en Internet, se mantiene desde hace muchos años y disponiendo como disponen de todas las armas jurídicas para llevarlo a cabo, es el deber de los ciudadanos y los abogados, estar atentos, más que nunca, a estas iniciativas legislativas.

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