Semana horribilis para la privacidad

En esta semana que cerramos, se ha puesto en evidencia a los ojos de la gente, la forma en que los poderes públicos limitan su derecho a la privacidad especialmente en el mundo online. El lunes El País publicaba la propuesta de reforma del Código Procesal Penal en el que se incluye la posibilidad que la Policía utilice programas a efectos de acceder de forma remota a equipos para investigar delitos de “especial gravedad”. A esta noticia, le sucedió, a partir del jueves 6 el escándalo destapado por The Guardian, informando en primer lugar que la Agencia de Seguridad de los Estados Unidos (NSA), ha obtenido autorización judicial para que la segunda compañía de teléfonos del país, Verizon, le entregue durante un período de 3 meses los metadatos de las llamadas realizadas por o a sus clientes (estos datos no incluyen el contenido de la comunicación pero si el resto de información asociada a la misma). El mismo periódico desveló el programa secreto (ya no tanto) PRISM de la misma Agencia, para recopilar y tener acceso directo a las comunicaciones de los grandes operadores de Internet como Google, Microsoft o Facebook. Finalmente el mismo día, y tras la reunión de los Ministros de Justicia de los 27, se publicó que los esfuerzos de los lobbies (encabezados por alguno de los gigantes de Internet anteriormente citados) y de países como el Reino Unido o Irlanda, estaba empezando a dar sus frutos ya que sus propuestas para suavizar la profunda reforma en la normativa europea de protección de datos, estaban empezando a funcionar. Esta presión pone en seria duda la implementación de principios incluidos en la propuesta de la Comisión del 25 de enero de 2012, como el derecho al olvido, el consentimiento explícito, la minimización de datos o el nuevo régimen sancionador.
¿Qué está sucediendo? De hecho nada nuevo, y es que des de los ataques terroristas del 11S el mundo cambió y las agencias de investigación (empezando por los EUA y siguiéndole el resto), pusieron sus ojos en las tecnologías de la información, aquél ámbito que no tenían debidamente controlado y se propusieron tomar el control. Lo único que ha sucedido, como indica quién destapó el escándalo del acceso a los grandes operadores de Internet, Glenn Greenwad, es que el “muro se ha roto”. Cada vez sabemos más de lo que pretenden hacer y hacen los poderes públicos con la información que arrojamos a la red (correos electrónicos, posts, twitts, fotografías), la privacidad en Internet está francamente en entredicho tras estas noticias (que se acumulan a otras muchas del pasado). Nuevos conceptos no hacen otra cosa, que aumentar la sensación que nuestro paso por internet, incluso aquella en forma anónima, queda siempre registrado y que, no únicamente las agencias públicas, sino las entidades privadas, hacen uso de dichos datos: Big Data, cookies, publicidad comportamental, incidencias de seguridad, Google View, Google Glasses…hemos llegado a un punto en que el pretender un nivel de privacidad, digamos aceptable, en internet es poco más que una quimera, y es que con las nuevas tecnologías, el uso que de nuestra información se haga (para fines de seguridad, comerciales…) ya no precisa ni que facilitemos los datos personales clásicos: nombre, DNI, correo electrónico…estos datos cada vez importan menos: estudios recientes demuestran por ejemplo que información anónima de un operador belga de telecomunicaciones, podría ser re-identificada en un 95% de los supuestos, utilizando tecnología de Big Data.

¿Qué hacer ante esta situación? En el caso de descartar la total desconexión (principalmente) del individuo de Internet y su teléfono móvil, pocas opciones quedan para salvaguardar la privacidad. Uno debe ser consciente de lo que sube voluntariamente a Internet, se hace público y que incluso cuando navega de forma anónima, su paso deja huella y puede ser usado. Es conveniente utilizar los medios que el propio medio nos pone al alcance: navegadores anónimos, borrar historiales, eliminar cookies, etc…esto no garantiza una privacidad absoluta pero al menos ayuda. Leer las políticas de privacidad (al menos: quién recoge los datos, para qué y si los comparte) y, por último, pero no por ello menos importante, en caso de sentir que nuestro derecho ha sido vulnerado, dejar de quejarnos de forma privada y actuar con los medios administrativos y legales que tenemos a nuestro alcance.

La legalidad de tu empresa,
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